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La ruta del gobierno abierto: un viaje que avanza en espiral

Alberto ORTIZ DE ZÁRATE TERCERO

Senior Manager en desideDatum Data Company

El Consultor de los Ayuntamientos, Nº 4, Sección Transparencia 4.0 / Efecto mariposa, Abril 2019, pág. 70, Editorial Wolters Kluwer

LA LEY 3851/2019

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Resumen

Este artículo no pretende desatar un debate teórico más, sino mover a la acción a los gobiernos, especialmente a los gobiernos locales. Se propone un modelo de avance en gobierno abierto estructurado según la lógica de la gestión del cambio; dibujando una ruta en espiral que procede de lo más sencillo a lo más complejo.

I. De dónde venimos

El 21 de enero de 2009 Barack Obama, como Presidente de los Estados Unidos, promulgó el Memorando sobre Transparencia y Gobierno Abierto, en el que ordenaba a sus altos cargos que organizaran las instituciones para hacerlas transparentes, participativas y colaborativas.

Han pasado ya diez años. A los que nos tocó vivirlo en primera fila, nos cuesta dejar atrás ese momento de la historia, supongo que de manera análoga a la de quienes siguen anclados en aquel mayo del 68. De hecho, no hay motivo para dejarlo atrás, pero sí para reformular el modelo a la luz de lo que hemos ido aprendiendo con la práctica internacional en este tiempo.

II. Para qué abrimos los gobiernos

Hubo un tiempo en que algunos solíamos repetir un eslogan revoltoso: abrimos gobiernos, cerramos bares. Era el momento de la euforia, cuando todo estaba por hacer, celebrábamos el porqué y no quedaba tiempo de preguntarse por el para qué. Y, sin embargo, el para qué era y sigue siendo la gran pregunta.

La transparencia, la participación y la colaboración valen en cuanto conduzcan a un mejor gobierno, a políticas públicas más efectivas, a una sociedad mejor

No es posible justificar los valores del gobierno abierto por sí mismos. Por ejemplo, cuando la transparencia se produce en un contexto de corrupción impune solo puede conducir a generalizar el cinismo. La transparencia, la participación y la colaboración valen en cuanto conduzcan a un mejor gobierno, a políticas públicas más efectivas, a una sociedad mejor.

Se han citado muchas externalidades positivas de las buenas iniciativas de gobierno abierto, que podemos resumir en tres metas:

  • Confianza y legitimidad: crear un entorno que garantice una actuación ética y responsable y que acreciente la confianza mutua entre la ciudadanía y sus instituciones públicas.
  • Buena gestión pública: enriquecer la toma de decisiones y la gestión gracias a políticas basadas en la evidencia, que cuentan con la inteligencia de agentes internos y externos y que construyen aprendizaje gracias a una auditoría social de resultados.
  • Corresponsabilidad: apoyar el cambio hacia una sociedad que se implica en la construcción de lo común y que toma conciencia crítica y activa de los retos conjuntos que se afrontan.

III. ¿El gobierno abierto es suficiente?

Imaginemos ahora que cambiamos la formulación obamiana de gobierno abierto y que la sustituimos por estos tres principios antes explorados: legitimidad, buen gobierno y corresponsabilidad. ¿Podríamos seguir llamándolo gobierno abierto?

Seguramente, no. Estas metas son comunes a cualesquiera intentos de fortalecimiento institucional. Lo característico del gobierno abierto es el cómo, la creencia en que la apertura al escrutinio público y la puesta en valor de la inteligencia colectiva conducirá a un futuro mejor y con mayor legitimidad institucional.

Esta conclusión no es evidente. No todos los futuros posibles a 20 años vista —espero que tú y yo lo veamos, mon semblable, mon frère— otorgan un papel destacado a la ciudadanía. La creciente tecnificación en la toma de decisiones puede conducir a un futuro político donde no se considere necesaria la imperfecta implicación de los seres humanos. Una variante de la utopía predica el gobierno smart de los algoritmos.

Por supuesto, la tecnología no es nuestra enemiga, sino todo lo contrario. Para que juegue en nuestro bando, necesitamos tener claro en todo momento cuál es nuestro bando. En todo caso, esta provocación sirve para destacar que, junto con la trilogía TPC (transparencia, participación, colaboración) necesitamos activar otros principios, que incluirían al menos:

  • Datos como materia prima.
  • Rendición de cuentas como objetivo de la transparencia.
  • Auditoría social como primer escenario de participación.
  • Cocreación de políticas y servicios.
  • Planificación y evaluación de políticas públicas.
  • Innovación pública.
  • Sistemas de integridad.
  • Fortalecimiento de capacidades ciudadanas.

IV. Hoja de ruta hacia el gobierno abierto

No sé si se entiende que este artículo no pretende desatar un debate teórico más, sino mover a la acción a los gobiernos, especialmente a los gobiernos locales, donde generalmente no existe una tecnoestructura potente que pueda liderar la innovación en este ámbito.

Proponemos un modelo de avance en gobierno abierto estructurado según la lógica de la gestión del cambio pero, antes de dibujar la ruta, vamos a describir las reglas del juego.

  • 1. Nunca termina: potencialmente, siempre aparecerán nuevas oportunidades para mayor apertura y mayor colaboración. El gobierno abierto, como visión, es un horizonte hipnótico hacia el que avanzar.
  • 2. Constituye una meta clara y laxa: no se precisa que esta visión sea definida en detalle, sino que sea debatida e interiorizada por los equipos de personas.
  • 3. El camino es la innovación pública: para avanzar, es necesario poner en marcha proyectos que traigan elementos nuevos o nuevas formas de llegar a ellos. Se precisa un contexto organizativo que favorezca el riesgo y la experimentación.
  • 4.
    El reto es construir confianza entre los servidores públicos y las personas destinatarias de las políticas
    Las palabras clave son confianza y aprendizaje. El avance por este camino poco explorado debe ir asentando aprendizajes colectivos y facilitando actitudes cada vez más abiertas.
  • 5. El cambio debe producirse de manera natural, a partir de la cultura existente. No se puede trasplantar una cultura sin enfrentarse al rechazo del sistema inmune organizativo. Los pasos no pueden ser más largos que las piernas.
  • 6. La capa política y los líderes organizativos son responsables de transmitir la visión y de dar ejemplo diario con sus comportamientos. Por otra parte, han de empoderar a las unidades administrativas para que encuentren su propio camino.
  • 7. El avance se produce mediante una relación dialéctica entre el emprendimiento interno —la iniciativa individual— y su consolidación colectiva en equipos de trabajo. Ambos movimientos son necesarios y se deben crear espacios que los hagan compatibles y mutuamente provechosos.
  • 8. El cambio interno (cultural) y el cambio externo (social) están entreverados y se retroalimentan mutuamente. El reto es construir confianza entre las y los servidores públicos y las personas destinatarias de las políticas.

V. La espiral logarítmica del gobierno abierto

Hemos construido un esquema de avance, teniendo en mente estas dos preguntas:

  • ¿Cuál es el camino más viable para producir los cambios?
  • ¿Qué se debe hacer para pasar de un mero cumplimiento de normas a una nueva lógica de gobierno que obtenga resultados en términos de valor público?

Nuestra respuesta toma la forma de una espiral logarítmica, también conocida como espiral de crecimiento. La metáfora es sencilla: El camino no es recto sino que procede en ciclos no cerrados, en los que cada vuelta nos lleva más lejos sobre el plano. A cada vuelta cubrimos más territorio.

El camino no es recto sino que procede en ciclos no cerrados, en los que cada vuelta nos lleva más lejos sobre el plano

La espiral procede de lo más sencillo a lo más complejo. Así, cada posición en la ruta supondrá el tránsito por las posiciones anteriores. Sin embargo, no desconocemos que la realidad no funciona así y que, por ejemplo, muchos Ayuntamientos han abordado la participación sin haber completado el tramo de la transparencia. Reconozcamos que la manera de proceder es iterativa, que el camino no se anda una sola vez y que algunos tramos son más frecuentados que otros.

En todo caso, el orden de los pasos no es meramente decorativo. Este viaje presenta una lógica sobre la que se invita a reflexionar y que tiene que ver con la gestión del cambio:

  • Los datos son materia prima para poder producir transparencia. En general, hay que preparar los sistemas internos para un avance sostenible.
  • La transparencia es una práctica que nos abre la puerta a la rendición de cuentas.
  • La rendición de cuentas conduce a la participación vía auditoría social.
  • La participación hace crecer la legitimidad y facilita los sistemas de integridad.
  • La integridad afianza la confianza necesaria para avanzar en colaboración.
  • La colaboración rompe diques entre los agentes internos y externos, generando cambio cultural.
  • Las repetidas excursiones por esta ruta afianzan un cambio social.

Figura 1. Espiral del gobierno abierto

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Fuente: Alberto Ortiz de Zárate.

VI. La rueda en movimiento

La espiral de gobierno abierto se sitúa sobre un plano cartesiano con dos ejes: uno orientado hacia el interior (eje del buen gobierno) y otro hacia el exterior (eje de la gobernanza). Así se establece un ciclo de avance donde los esfuerzos se alternan: hacia el interior y hacia el exterior. Dicho de otra forma, la rueda gira mediante avances en:

  • Buen Gobierno: buenas prácticas de gestión pública que incluyen la óptima aplicación de recursos y medios, sistemas de gestión para la rendición de cuentas, sistemas de integridad, comunicación interna y cambio cultural.
  • Gobernanza: democratizar la acción de gobierno con la introducción de transparencia efectiva, participación ciudadana y colaboración público-privada para crecer en corresponsabilidad.

Figura 2. Ejes de impulso del gobierno abierto.

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Fuente: Alberto Ortiz de Zárate.

Este doble movimiento que se asemeja a la pedalada de un ciclista pretende el cumplimiento de ese bello eslogan: hacer bien las cosas buenas (1) .

VII. Cómo dar pedaladas

Permítanme una boutade: los proyectos de gobierno abierto son enemigos del gobierno abierto. Por supuesto, con esto no quiero arrojar piedras sobre mi propio tejado de consultor, sino recalcar que el gobierno abierto debe asentarse como rutina administrativa, como forma de trabajo por defecto, como cultura que todo lo permea sin necesidad de hacer declaraciones altisonantes para defenderla.

Por eso el camino se recorre prestando atención a los componentes institucionales de vehiculan el cambio. Mi propuesta consiste en atender, al menos, los siguientes:

Figura 3. Dimensiones institucionales del cambio.

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Fuente: Alberto Ortiz de Zárate. END_IMAGE

Por lo tanto, la manera de avanzar consiste en activar un liderazgo decidido, dictar un marco legal y estratégico adecuado, disponer de estructuras transversales con capacidad técnica idónea, implantar una gestión estratégica de los activos de información, fomentar comunidades de interés y aplicar recursos suficientes.

VIII. Un último apunte

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Llega el momento del resumen. Diez años después del pistoletazo de salida, el gobierno abierto debe asumir una complejidad mayor de la que mostraba en su nacimiento. Esta evolución pasa por entender bien las metas, dibujar un camino para alcanzarlas y poner en juego la maquinaria institucional, bien alineada con el propósito.

¿Es un sueño? No sabemos si el gobierno abierto perfecto existe, pero damos testimonio de que hermosamente estamos avanzando.

(1)

Frase que atribuyo a Albert Serra, salvo mejor opinión.

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